Ay
No me alejé cincuenta metros cuando
ya había dejado de despedirse,
cerró la puerta
y a los cien dejó de verme por la ventana.
ya había dejado de despedirse,
cerró la puerta
y a los cien dejó de verme por la ventana.
No merece mi tiempo una mujer así.
Apago el teléfono y me voy dos años.
(se va dos años
y vuelve)
Le digo “Ay, Antonia”.
Me aplaudo y salgo
por donde irrumpí.
